03 septiembre 2010

Felipe... vos no sos normal.

Ocurrió, que un día que me acompañaba, para un quehacer doméstico, al sótano del viejo edificio donde nuestra pobreza nos obligaba a habitar, el gato me seguía por la pendiente escalera, y, en ese momento, me exasperó hasta la demencia. Enarbolé el hacha, y, olvidando en mi furor el temor pueril que hasta entonces contuviera mi mano, asesté al animal un golpe que habría sido mortal si le hubiese alcanzado como deseaba; pero el golpe fue evitado por la mano de mi mujer. Su intervención me produjo una rabia más que diabólica; desembaracé mi brazo del obstáculo y le hundí el hacha en el cráneo. Y sucumbió instantáneamente, sin exhalar un solo gemido mi desdichada mujer.

Consumado este horrible asesinato, traté de esconder el cuerpo.



El Gato Negro - Edgar Allan Poe

4 comentarios:

El Gaucho Santillán dijo...

Eso le pasa por metida.

El Edgar, no creìa en la violencia de genero.

Era de la guardia vieja.

GABU dijo...

Tiemmmmbla STEPHEN KING!!!!!
jajajajjaajajjaa

P.D.:GRAN cuento... :)

BESOTIS

M@bel_es_ Azul dijo...

De terror, por más que alguno esté considernado repetir la historia, "el corazon delator" hará justicia!!!!

Mariela Torres dijo...

No, ese muchacho no es normal. Los normales no hacen esas cosas.