15 marzo 2012

A las armas.

Por lo que a mí hace, jamás me entregaré de buen grado, y otorgándole mi confianza, a conductor alguno de pueblos que no éste penetrado de que, al conducir un pueblo, conduce hombres, hombres de carne y hueso, hombres que nacen, sufren, y aunque no quieran morir, mueren; hombres que son en sí mismos, no sólo medios; hombres que han de ser lo que son y no otros; hombres, en fin, que buscan eso que llamamos felicidad

Del sentimiento trágico de la vida
Miguel de Unamuno

1 comentario:

El Gaucho Santillán dijo...

Unamuno era impecablemente dramàtico.

Pero te amarga leerlo.

Un abrazo.