24 octubre 2012

No hace falta que me excomulguen.. me voy solito

Les comparto la carta de Roger Rodriguez, un señor que por lo que podemos apreciar fue inscripto en el padrón de la Iglesia hace ya muchos años.

No le pedí permiso para publicarla simplemente porque no tengo su mail, así que ruego al Sr. Rodriguez me disculpe este atrevimiento, pero sería un pecado sin perdón de Dios no compartirla.


¡Desafiliadme!

Don Joseph Aloisius Ratzinger, alias Papa Benedicto, y don Nicolás Domingo Cotugno Fanizzi, alias Arzobispo de Montevideo.

De mi consideración.

Por la presente les solicito mi desafiliación inmediata de la organización internacional terrenal y la filial territorial uruguaya, que respectivamente regentean.

Fui inscripto en su padrón cuando era menor de edad, analfabeto, sin capacidad de habla o comprensión del idioma, indocumentado y, fundamentalmente, sin mi consentimiento. Me anotaron mis fallecidos padres, particularmente mi creyente madre, sometidos a presión cultural y bajo amenaza de suplicios en un centro de torturas llamado Infierno. Pese a ello, en el mismo acto de inscripción fui sometido a un simulacro del tormento del submarino (inmersión bajo agua) durante un ritual denominado bautismo.

De niño, me enviaron a un colegio donde me obligaron a participar de actos en que debía cantar, asentir o callar, a la vez que me ordenaban pararme, sentarme o arrodillarme. Con apenas diez años, me iniciaron en otra ceremonia en que, de rodillas, dentro de un armario oscuro, debía confesar mis delitos y delatar lo de otros para no ir a Infierno. Pese a mi inocencia, por la presión psicológica a la que me sometieron llegué a inventar faltas (pecados) para que me penaran con una “penitencia” que consistía en repetir memorizadas oraciones. Luego de la “confesión”, debía ingerir un conjuro llamado “ostia”, compuesto de harina y agua, del cual el jefe ritual consumía un trozo más grande que solo él acompañaba con vino.

En mi juventud, al instituto de estudios se apersonó una organización ultraderechista llamada Tradición, Familia y Propiedad (TFP) que intentó incorporarme a su secta. Me entregaron un libro denominado “Izquierdismo en la Iglesia, compañero de ruta del comunismo”, por el que conocí y comprendí la Teología de la Liberación. Esa línea de espiritualidad me llevó al razonamiento científico, el agnosticismo y finalmente el ateísmo que, paradójicamente, puedo agradecerle a dios.

También me sometí, aquí por tradición cultural, al rito del matrimonio, complementario al contrato de casamiento que formalmente suscribí con mi esposa. La diferencia es que en el acto religioso el compromiso es perpetuo aún frente a un eventual delito de adulterio, que no solo no te libera sino que vuelve a condenar a Infierno.

En los últimos treinta años he oscilado entre agnóstico por tolerancia y ateo por convicción y ya estoy condenado a ir a Infierno por criar infieles a mis tres hijos (tienen libre albedrío). La comprensión del protagonismo que la institución llamada Iglesia que ustedes comandan ha tenido en la historia, me lleva desde hace tiempo a no querer figurar entre sus integrantes.

Ya tuve ganas de pedir mi desafiliación, cuando usted, don Cotugno, asistió al torturador Jorge Silveira (Pajarito), que estaba deprimido tras su condena por crímenes de lesa humanidad. Las mismas ganas sentí cuando la Iglesia justificó a sacerdotes que cometieron la aberración de la pedofilia o a los cómplices de violaciones de los derechos humanos en la región.

No pedí antes que me borraran de sus padrones, por la sencilla razón que no sabía ante qué oficina debía presentarme o dirigirme, eventualmente, por escrito o email. Pero ahora, cuando anuncian la excomunión de quienes votaron la ley de despenalización del aborto, no quiero desaprovechar la oportunidad de ser incluido entre los expulsados. Agradeciendo desde ya que me borren definitivamente de su clering teológico y a la espera de que mi sacrílego pedido no convoque eventualmente a un sicario del Opus Dai,

les saludo atte.

Roger Rodríguez

1 comentario:

El Gaucho Santillán dijo...

Encima mi apellido es el mismo.

Pero igual no me borro.

Capaz que reparten plata , alguna vez.

Un abrazo.