22 junio 2013

Esa letra "pequeña" del contrato de la Iglesia.

“A principios del siglo XVII se solía bautizar a todos los esclavos antes de que partieran de África. Por lo general a los cautivos no se les daba ninguna instrucción religiosa antes de la ceremonia y muchos de ellos, acaso la mayoría, ni siquiera sabían que existía un Dios cristiano, de modo que el bautismo se llevaba a cabo mecánicamente.

Se acostumbraba llevar a los cautivos a una iglesia, donde un catequista -también esclavo, generalmente- les hablaba, en su lengua materna, de la naturaleza de su conversión.

Entonces un sacerdote pasaba entre las perplejas filas y daba a cada uno un nombre cristiano, previamente escrito en un papel; salpicaba sal en la lengua de los esclavos, seguida de agua bendita; finalmente, con la ayuda de un intérprete, les pedía que se consideraran hijos de Cristo, les informaba que irían a territorio portugués, donde aprenderían asuntos de la fe y les ordenaba no volver a pensar en su lugar de origen, no comer perros, ni ratas ni caballos, y conformarse.”

La trata de esclavos,
Hugh Thomas

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