04 julio 2013

Volverse mayor

Existen en la vida algunos momentos de reflexión, cada vez menores, o cada vez mayores. No estoy en realidad muy seguro de cuanto tiempo se le dedica a esta actividad. Supongo que dependerá de cada uno, como de costumbre, como siempre, todo individual, todo hecho a medida, la repetición continua de la frase "no hay dos personas iguales" quizá se vuelva cierta, aunque permanentemente uno vea que los patrones se repiten, que las personas son en realidad iguales, y que los años golpean y no solo en lo físico.

Cuando uno se junta con amigos, pocas veces ocurren momentos especiales. Esos donde uno baja la muralla, donde desnuda el alma, en un intento sexy de cagarse de frío en este invierno de mierda. Y ahí de golpe, le pega en la frente la misma ficha que se le viene cayendo a uno desde hace ya muchos años. Y es que cada mes que pasa uno va envejeciendo. Y no solo físicamente, ya ni hablemos de resistencia perdidad en actividades físicas, al correr, jugar al fútbol, basket, o practicar deportes, sino ya en miras de cargar con lesiones permanentes. Postrarse atrás de un escritorio 8 horas diarias, sentir las piernas como estacas, saborear cada momento del día, disfrutar de la salida, sabiendo que la rutina será eterna, hasta ese infarto que ponga el punto final. Uno no solo envejece físicamente, también se nota en esa estructura mental que nos va encasillando de a poco, lentamente, que cercena la forma de pensar en un hilo conductor de pequeñas conclusiones encadenadas.

Es eso, en ese pequeño hilo conductor encadenado se concentra lo que nos hace lo que somos, unos seres que se vuelven eficientes en sus procesos mentales, pero que sin embargo demuestran ser poco eficaces. Esta eficiencia nos permite rapidamente sacar conclusiones, aunque a veces son erroneas. Nos limita la visión, nos limita las soluciones, nos facilita la vida y nos lleva a lugares cada vez más cómodos, hasta que ne momento, dejamos de ser lo que somos, a pasar a ser lo que somos.

Un poco contradictorio, pero todo aquel que vio su pensamiento encasillado, su creatividad ida, su imaginación rápidamente cercenada y su capacidad mental disminuida podrá entenderme. Estos son los momentos finales. Cada mes, cada año, se aleja un poco más aquello, y se acerca lo otro, ya pocas cosas liberan, ni las drogas, ni el ocio, ni el alcohol, solo a veces, algunas compañías, que cada vez se vuelven mas escasas, de momentos, de intimidades.

Supongo que envejecer es esto, y no mucho más.


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