05 agosto 2013

Un País de Primera un tanto insatisfecho.

Les dejo esta pequeña columna, cortita, al pie, de taco y mirando para otro lado, como pase de Ronaldinho en sus mejores épocas. La misma es la respuesta de @lalismos mejor conocida en el ambiente como "La vieja de los gatos" ante la pregunta del semanario Voces.



Respondí a la pregunta de la semana del semanario Voces por primera vez.
Les dejo la pregunta y a continuación mi respuesta:

¿País de primera con necesidades básicas insatisfechas?
La semana pasada se presentó el Atlas Sociodemográfico y se mostró que
más de un millón de uruguayos tiene una o más necesidades básicas
insatisfechas.  Casi 348.000 hogares viven esa realidad.
¿Es admisible que un país como Uruguay con la poca población y las
enormes riquezas que posee afronte esta situación? ¿Es aceptable que
tras ocho años de bonanza económica no se haya podido resolver esas
necesidades? ¿Cómo afrontamos este problema? ¿Los recursos de que se
dispone van a rubros equivocados, se dilapidan o no son suficientes? ¿O
se trata en definitiva de una cuestión política y es el sistema el que
condena a una parte de la sociedad a estos avatares? ¿Se puede resolver
esta situación mediante una cruzada nacional que involucre a todos los
actores?
El nirvana social
Me vi enfrentada a todas estas preguntas y empecé a recabar opiniones y a tirar anzuelos a conocidos con el fin de generar un intercambio que me enriquezca y me ayude a responderlas. “Ah, pero cómo no vamos a tener 1 millón de tipos con NBI si consideramos la educación y la calefacción como necesidades básicas”, fue una de las respuestas que recibí. Enviada desde su Galaxy S4, mientras trabaja en la Mac para su tesis de doctorado y se acompaña con un rico café colombiano con el aire acondicionado prendido. Al principio, leyendo la respuesta en mi notebook con pantalla táctil y recién llegada del banco, malhumorada por el poco lugar que había para estacionar en la vuelta y cansada de dos trabajos y de estudiar para el postgrado, le di la razón.
Después pensé un poquito más. Y qué sé yo, si queremos jugar en primera capaz que es inadmisible que un tercio de la población tenga alguna necesidad básica insatisfecha, así esa necesidad sea un elemento de confort como la calefacción o algo tan estructural como la educación. La crisis ya pasó, no hay más niños que coman pasto. Y nadie está diciendo que no haya personas en situación de calle o con problemas de seguridad alimentaria. Las hay, las hay y hay que atenderlas de manera urgente y eficaz. ¿Pero qué pasa con el resto? ¿Con el que come todos los días y vive en una casa de material pero tiene un gurí de 13 años que dejó de estudiar en la mitad de 1º de liceo? Me parece que si vamos a pregonar que somos un país de primera, tenemos que ir un paso más allá. ¿La supervivencia del individuo o de la especie están en peligro porque el adolescente abandone el sistema educativo a los 14 años? No, claro, pero hay otras cosas en peligro. Que el adolescente termine siendo un excluido sin retorno, por ejemplo. O que el país jamás termine de entrar de lleno en el mundo del conocimiento y la información y los veinte años de retraso en los que siempre decimos que vive el Uruguay terminen siendo 200 ahora que los cambios son tan vertiginosos. O no llegar a modificar nunca la cultura de la mediocridad.
No voy a ser tan ingenua de creer que hay soluciones mágicas, que todo está solamente en la voluntad política de los decisores. El nirvana social no existe. Siempre va a haber pobreza, ya sabemos. Pero todavía no se ha hecho todo para afrontar estos problemas. El Uruguay es capaz de avanzar mucho más. Sin pusilanimidad, con inteligencia, con gente capaz y formada, con políticas claras y líneas de trabajo definidas, sin blablablerío inconducente ni voluntarismo utópico.
No vamos a ser un país de primera mientras un tercio de la población tenga alguna necesidad básica insatisfecha. Tampoco mientras sigamos creyendo que al fin y al cabo ni la educación ni la heladera resultan tan básicas.

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