20 febrero 2015

Un lento adiós.


“No habrá nadie igual a nosotros cuando nos vayamos, como tampoco no hay nadie igual a nadie, nunca. Cuando la gente muere no puede ser reemplazada. Dejan agujeros que no pueden ser llenados, porque es el destino -el destino genético y neurológico de cada ser humano- el de ser un individuo único, para encontrar su propio camino, para vivir su propia vida, para morir su propia muerte”.

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